Primer capítulo del blog

Capítulo 1: El verano

Que maravilloso verano había pasado, lleno de días en la playa y con mis amigas todo el día. ¿A quien quiero engañar? Mi verano ha sido muy ...

jueves, 8 de octubre de 2015

Capítulo 18: Nada es lo que parece

Patricia no entiende por qué Laura ha venido con Ruben, pero ella tampoco tiene buena cara. Se la nota preocupada. No han hablado mucho, lo justo de la experiencia de Patricia en el pueblo y de mi viaje a Londres. De repente, Laura dice que se va al baño, y con una mirada sospechosa, le indica a Patricia que también vaya. Las dos chicas se dirigen al baño de dentro del bar, algo pequeño para dos personas, pero Patricia no se imaginaba lo que se la va a venir encima.

Entre tanto, vuelvo a Madrid, sola en el avión. Estoy en el asiento con ventanilla, aunque solo se pueden ver nubes. A mi lado, los tres asientos están libres. Tengo tantas ganas de ver a mis padres y a mis amigas, pero no puedo borrar de mi mente aquella sonrisa, a aquel chico especial, Josh. En tan poco tiempo he experimentado tantas emociones con él, le extraño, pero, ¿me extrañará él a mi? Pienso que sí, aunque tanta distancia... Sin olvidarme también que acaba el verano y empiezo mi experiencia universitaria. Pero el verano siempre termina con una fiesta única, el 31 de agosto, aunque justo en eso no había pensado. Ahora mismo no estoy para fiestas, solo para volver a verlo y sentir mariposas en el estómago, que me haga sentir especial.

Sin darme cuenta, de tanto pensar y sumergirme en mis cosas, había llegado al Aeropuerto de Barajas. Mis padres venían a por mi, así que me di prisa para coger la maleta y reunirme con los míos. Allí estaban, con una cartulina con mi nombre y con una gran alegría en la cara. En ese momento, no pude reprimir el recuerdo de la llegada al Aeropuerto de Londres, donde él estaba esperándola, donde se dieron aquel beso, ese beso lleno de emociones. Volví en sí, aguanté las lágrimas y corrí hasta mis padres. No hacia falta decir nada, me conocían muy bien, un abrazo entre los tres les hizo entender que mi experiencia había sido inigualable.

Pero desde un baño minúsculo de un bar de Madrid, la confesión de una de mis amigas no tardaría en llegar.

- Patricia, siento la incomodidad, iba a venir sola, pero no he podido, él ha insistido en venir - dice Laura con su mirada perdida.
- ¿Cómo que no has podido? Yo entiendo que quieras estar con él porque dentro de nada empiezan las clases, pero por un día y después de todo lo que ha pasado, no lo entiendo.
- Si en principio iba a venir sola, pero no ha querido que viniera sin que él estuviera presente - sus ojos se empiezan a poner vidriosos.
- Laura, ¿va algo mal? Me estas empezando a preocupar.
- Necesito ayuda, no todo es lo que parece. Al principio todo era muy bonito, Ruben parecía el chico perfecto e ideal, pero no todo es lo que parece ...

Y sin esperarlo, Laura empieza a llorar desconsoladamente, su maquillaje se estropea y se deja apreciar las pequeñas marcas que tiene alrededor del cuello. Patricia en este momento sabe que necesita su apoyo, y rápidamente la abraza.


PD: Gracias por el apoyo, y seguiré escribiendo hasta que mi imaginación falle. Espero críticas y opiniones, siempre se puede mejorar.

miércoles, 24 de junio de 2015

Capítulo 17: El amor lo puede todo

Eran aproximadamente las cinco de la tarde, Patricia ya estaba en Madrid, sus padres fueron a por ella al pueblo. No quiso despedirse de sus amistades de la infancia, tal vez lo hiciera por Facebook o quizás no. Ese tiempo allí solo la hizo darse cuenta de quién era ella en realidad. Esa vida de fiesta en fiesta no era la suya, pero ya había dado el paso para cambiar.

Lo primero que hizo fue llamar a Laura, pensando que estaría conmigo. Pero no fue así, ella estaba con Ruben. La contó mi pequeña aventura londinense, además de su próspera relación con Ruben. Patricia estaba muy contenta por Laura, pero después de su horrible relación con Alan no se fiaba totalmente de Ruben, alguien que había sido amigo suyo. Sin darles más vueltas quedaron esa misma tarde para tomar algo y ponerse al día, pero primero tenía que pasar por casa.

Nada más llegar a casa, sus padres la entregaron una caja, contenía todas las cartas que le había mandado Alan hasta el momento. Directamente las tiró a la basura, era una etapa ya terminada, que por muchas cosas bonitas que pusiera y por muy arrepentido que estuviera, ella ya no quería saber nada de él. Sus padres al ver esa escena, sabían que habían recuperado a su hija, y la abrazaron lo más fuerte que pudieron. En ese momento recordó Patricia que tenía que deshacer la maleta y arreglarse que a las siete había quedado con Laura. Eran las seis en punto, tenía una hora, menos mal que habían quedado cerca de casa. Prefirió darse una ducha, arreglarse e irse volando, y la maleta la desharía cuando volviera.

Sin saber cómo, Patricia llegó puntual, pero no lo mismo hizo Laura, que llegó diez minutos tarde y, además, vino con Ruben. Estaba claro que Patricia se había perdido mucho, y que pensaba que era tarde de chicas. No quedaba otra que poner buena cara y esperar a cómo iba la tarde.

Sin embargo, en Londres, era el último día para una persona enamorada. Después de este poco tiempo juntos, separarme de él se me hacía triste. Incluso pensé en cómo sería la relación a distancia, si duraríamos, si el no estaría con otra, ... Tantas cosas se me venían a la mente que no sabía como llevar ese día. Josh me lo notaba en la cara, que estaba triste, pero yo también notaba que él también me iba a extrañar. Mi vuelo salía a las nueve y media de la noche, así que decidimos que ese día nos lo íbamos a dedicar a estar relajados, él y yo. Fuimos al 'The Spa Dolphin Square', un sitio con un estilo marroquí. Antes de entrar tuvimos la típica discusión de quién paga, al final por cabezonería pagó él. Elegimos el masaje llamado 'Shea Butter Masaje', que se hace con una mezcla de aceites marroquíes exóticos. Nos metieron en una sala, donde nos teníamos que desnudar menos la ropa interior y ponernos boca abajo en la camilla. Salía mi timidez, y me empecé a poner roja, él se dio cuenta y rápidamente me di la vuelta para que no me viera. Cuando yo termine, él ya estaba tumbado en la camilla, observándome. Yo hice lo mismo  y me tumbé en la camilla, hasta ese momento no me había dado cuenta de lo hermoso que es. Es tan perfecto.

Los aromas de la sala y el masaje nos dejaron muy relajados, parecía que veníamos de un mundo sin problemas, donde todo va bien. Esto hizo que olvidará un poco mi marcha a Madrid. Luego fuimos a su casa, para que terminara de hacer la maleta y comer allí tranquilamente. La verdad es que Josh es muy buen chef, tiene mejores cualidades que yo en la cocina, que hacer un huevo frito para mi es una aventura. Comimos y nos tumbamos en el sofá, no parábamos de abrazarnos y besarnos, aprovechar todo el tiempo. De repente, pensé, ¿y si ya era el momento? ¿y si él era el chico?, pero y si me equivocaba. En ese momento me dí cuenta que él me observaba como si fuera un bicho raro.

- ¿Por qué me miras así?- le miró como extrañada, disimulando.
- Te pasa algo, y no tiene que ver con tu marcha. Te has empezado a poner colorada.
- Nada, solo que voy a extrañar estos momentos.- me ha pillado, miento fatal.
- ¿Segura? Creo que me estas mintiendo, sea lo que sea me lo puedes contar.

¿Qué hago se lo digo? ¿Y si piensa que soy una cría? ¿Y si se ríe de mi? Porque claro él ya lo habrá hecho con muchas mujeres.

- Pues haber como te lo digo sin que suene mal ....
- Tranquila, Yolanda.
- Pues, que yo nunca he hecho nada fuera de lo normal con un chico, no sé si me entiendes.
- Claro que te entiendo, y siento si te he dado a entender eso. Yo solo quiero aprovechar este tiempo a tu lado. Y no te quería incomodar con eso, pensé que no eras virgen. Esperaré el tiempo que haga falta, seguro que nos volveremos a ver.

Estas palabras me han dejado sorprendida, ¿quedaban de estos chicos en el mundo? Después de lo de Laura pensaba que no.

- Me gustaría que fueras tú ese chico especial. - dije muy nerviosa.
- No hay por qué tener prisa, ese momento será especial. - y medio un beso en los labios.

Sabía que había encontrado al chico ideal, no tenía prisa por esperar a que me sintiera segura. Ahora más que nunca me quería quedar a su lado y no marchar. Pero, después de conversaciones, besos, mimos y abrazos, tenía que llevarme al aeropuerto, no quería llegar tarde y perder el vuelo, aunque deseara que fuera así. Facturamos mis maletas, y llegó la hora de despedirme. Sin querer se me saltaban las lágrimas.

- Cariño no te preocupes, no llores. Pronto volveremos a vernos, ya lo veras. Esto no es un adiós, es un hasta pronto. Quiero que sepas que, aunque haya sido poco tiempo, me he enamorado de ti, eres una chica especial, y como tú no hay ninguna. Que aunque estés lejos, solo existirás tú en mi corazón. Te voy a echar mucho de menos, pero recordar estos días junto a ti harán que la llama no se apague. Te quiero, y por ti haría cualquier locura.

Ahora sí no podía parar de llorar, no tenía consuelo, me quería y hasta a saber cuando no volvería a estar con él.

- Yo Josh estoy enamorada de ti, desde aquel día que te marchaste y te despediste con una nota. Después de estos días juntos me he dado cuenta que eres el chico que buscaba y no quiero a otro igual. No sé cómo llevaremos la distancia, solo espero el volver a verte. Te quiero, hasta la ultima estrella del cielo.

Y con beso largo y con sentimiento me despedí de él, entre lágrimas seguí mi camino hacia el avión. Antes de montar mandé un mensaje tanto a mi madre como a mis amigas de que regresaba, echaba de menos a mi familia y a mis amigas, aunque ahora no podía pensar en ello.

Mientras tanto, en una terraza de un bar de Madrid, había un ambiente aburrido, incluso irritante, Patricia no estaba cómoda.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Capítulo 16: Londres, tu y yo, nadie más

¡Qué frío! Claro, la ventana abierta. Me levante de la cama con incomodidad, quién habría dejado la ventana abierta. No hacía falta pensar mucho, su táctica para despertarme era infalible. Allí estaba yo, en su casa, bueno la de sus padres, pero todo era como un sueño. Sus padres no estaban en casa, ayer salieron por viajes de negocios, aunque les conocí el mismo día que llegué. Ellos son muy encantadores, y mientras estaban aquí me han hecho la estancia más agradable de lo que me imaginaba.

Bajé las escaleras, y con cuidado, le busqué, con precaución de que no me diera ningún susto, que él es muy gracioso. Le vi, estaba en la cocina, con un delantal a rayas amarillas y rojas, un tanto estilo español. Estaba muy mono con ese delantal, con cuidado me fui acercando, que no sospechara que estaba allí. Uno, dos, tres...

- ¡Te pillé! - dándole un abrazo por detrás.
- Ya estás aquí bella durmiente, has tardado menos de lo que pensaba.
- Que gracioso por las mañana, ¿no? ¿Qué me ha hecho mi príncipe para desayunar?- y le guiñé un ojo.
-Un zumo de naranja, tostadas, huevos revueltos con bacon y un tazón de cereales.
- Voy a pensar que me quieres hacer engordar, eh. ¿Qué vamos a hacer hoy?
- Te voy a llevar a muchos sitios muy bonitos de Londres, pero es sorpresa, tu cuarto día tiene que ser especial.

Pensar que al día siguiente me iba, me ponía muy triste porque estar con él me hacía sentirme especial. Pero tenía que olvidar ese sentimiento hoy y aprovechar del momento. Le dí un beso, algo corto, y subí a la habitación a cambiarme. Elegí una ropa bastante casual, unos vaqueros oscuros largos, una camiseta de manga corta con un dibujo rojo y unas zapatillas blancas de sport. El pelo me lo recogí en una coleta, para ir más cómoda. Volví a bajar a la cocina para desayunar, pero no pude con todo lo que me había hecho, era demasiado.

No tardamos mucho en salir, se nos notaba que queríamos empezar ese día, ese día que pintaba tan fabuloso. Primero fuimos al Palacio de Westminster y el Big Ben, el cual me pareció más impresionante de lo que pensaba. De allí subimos a Picadilly Circus, una zona la cual me recordaba a New York por los letreros luminosos, pero más pequeño. Me sugirió ir al Covent Garden, una zona de tiendas y mercadillo. Me sorprendieron la variedad de los puestos, tanto de ropa, abalorio, comida, vamos de todo. Allí fue donde comimos picoteando de puesto en puesto las maravillosas delicias, lo que menos me gustó fue el donut que no era muy dulce. Hicimos un descanso, escuchando a un grupo de violinistas interpretando su propia melodía, muy dulce, como sus brazos cuando me abrazaban y se cruzaban nuestras miradas. Fue un momento que no logro describir, es una sensación distinta.

Me conoce poco, pero sabe que me gustan las compras, y me llevó por Oxford Street, donde después de pasar dos horas, no quise hacerle sufrir más y abandonamos la zona. Nuestro siguiente y último destino por hoy era Hyde Park. Un parque gigantesco, no tiene comparación con el parque del Retiro de Madrid. Las fotos, las risas y los besos no cesaron. Llegó un momento, que después del día de tanto andar, estábamos agotados. Nos tumbamos en el césped, y él se quedó dormido, estaba tan mono, le dí un beso, a lo que hizo un gesto de alegría. Recordé que no había mirado el móvil en todo el día, tenía un mensaje de mi madre preguntándome cómo estaba, a lo que conteste que muy bien y que ya me quedaba poco. También tenía uno de Patricia, fue leerlo y entrarme unas ganas inmensas de abrazarla. ¡Qué ganas de verla!

Mientras en otro lugar, regresaba Patricia a su nueva vida...



PD: A pesar de la tardanza espero que os guste este capítulo. La aventura no ha terminado, el twitter para seguir novedades es @ALVNVerano .

lunes, 19 de enero de 2015

Capítulo 15: Los sentimientos




Tal vez por cual de la distancia no descubrí los verdaderos problemas de la vida, ser tu misma. A kilómetros de mí, sin quererlo, había una persona que no sabía quien era, que no encontraba su lugar, mi mejor amiga. Desde hacía bastante tiempo no tenía noticias de ella, estaba preocupada, pero entendía la distancia, quería refugiarse en sí misma. Cuando volviera de Londres volvería a llamarla para intentar saber de ella, la echaba de menos.

Pero a kilómetros de allí, Patricia se encontraba tumbada en una cama antigua, en la casa de sus abuelos paternos. Estaba bastante pensativa, mirando al techo, sin una idea clave. Dentro de ella...

'Mis pensamientos, esos que nunca están ordenados, que en estas últimas semanas están alborotados. No sé si soñar o desvanecerme, si reír o llorar, tal vez no sea mi mejor momento. Me encuentro sola, o así me siento, sin nadie que comprenda el dolor de un corazón herido. Este dolor que nadie entiende, y que incluso, ni yo lo hago. De aquel amor perfecto que se transformó en el horrible engaño. De tener ganas de deshacerme de todos los recuerdos a su lado, a tener preguntas sin responder. ¿Por qué yo? ¿Qué hice mal? ¿Alguna vez me quisiste o todo fue una mentira? En ningún caso serán respondidas, él ya no volverá jamás a herir mi corazón. Mi teléfono no deja de sonar, mil mensajes habrá, ni si quiera los miro, tal vez sean ellas, pero soy incapaz de regresar a mi antigua vida, aquella que me hizo feliz. Quiero engañarme, pero no lo consigo. Mis abuelos me tratan genial y son maravillosos, pero el desfase con mis amigos de infancia y la locura irrefrenable hace que no sea yo, parezco otra persona que parece feliz. Pero esa vida no es la mía, esos amigos no son los de siempre, y tal vez todo aquello no hiciera más que empeorar.'
Patricia se levantó de la cama decidida, cómo si ya hubiera descubierto el nuevo camino de su vida. Fue directa al salón, sus abuelos no estaban, la habían dejado una nota de que salieron a comprar. Se encaminó hacia el teléfono familiar, e hizo la llamada oportuna.

-¿Si?
- Mama, quiero regresar a casa.
- Esta misma tarde vamos a por ti. Me alegro de que vuelvas a casa, te echamos de menos. Tus amigas igual, han pasado a preguntar varias veces por ti, pero las dije que esperaran hasta que mejorarás.
- Gracias mama, ya me encuentro mejor. No las llames, las quiero dar una sorpresa.
- Vale cariño, hasta esta tarde, un beso.
- Un beso mama.

Patricia tenía una nueva ilusión, volver a su casa, donde está cómoda y regresar con sus amigas, las que siempre intentan hacerla reír. Sabía lo que tenía que hacer, cogió el móvil y borró todas las conversaciones, por muy importantes que fueran. Aquellos días de tristeza había acabado, mando un mensaje a Laura y a mi, el cual ponía:
Todo volverá a ser como antes, lo prometo. Gracias por vuestro apoyo.