Primer capítulo del blog

Capítulo 1: El verano

Que maravilloso verano había pasado, lleno de días en la playa y con mis amigas todo el día. ¿A quien quiero engañar? Mi verano ha sido muy ...

martes, 21 de octubre de 2014

Capítulo 10: La despedida

Solo nos quedaban dos días por disfrutar, hoy y mañana, aunque mañana volvíamos por la noche. Sin querer desperté más pronto de lo normal por culpa del ruido de la calle. Me levanté, y fui directamente a la ducha. Cuando salí seguía habiendo silencio en el apartamento, por lo que decidí ir a mirar a ver si se habían levantado. Pero nada, seguían durmiendo, y no iba a ser yo quien les iba a levantar. Decidí ir a hacerme un café con leche, y mientras me lo tomaba en la terraza leí mi último mensaje. Era de Josh, que ponía:
'Gracias por hacerme pasar mi última noche aquí, no te quise decir nada para que no se estropeara la fiesta. No me puedo despedir porque salgo muy temprano de aquí, seguramente lo estés leyendo mientras estoy en el avión. Seguramente nos volvamos a ver, nunca se sabe que nos deparará el futuro. Mientras para proseguir con esta amistad podemos hablar por Skype. Espero que lo que queda de verano disfrutes mucho y cumplas todos tus sueños. Un beso, de tu amigo Josh.'
Con la ilusión que tenía con este chico, y encima no puedo ni despedirme. Tampoco tenía futuro una relación más allá de la amistad, a no ser que me fuera a Londres a vivir, algo poco probable. No me iba a entristecer porque solo nos quedan dos días para disfrutar de la playa, la arena, la piscina, y de mis grandes amigas. Me terminé mi café y subí a ponerme el bikini para bañarme en la piscina, pero en lo que entré al salón me encontré de repente con Laura. Menudo susto nos pegamos, fue gracioso. En lo que yo subí a ponerme el biquini, Laura se tomó un vaso de leche con Nesquik. Ella ya llevaba el bikini, pero ella prefirió tomar el sol en la hamaca. Mientras yo me bañaba, me contaba lo contenta que estaba con Ruben, que aunque no supieran lo que eran o dejaban de ser estaba muy a gusto. La entristecía un poco pensar que ya no iba a estar allí con ella, pero estar con sus amigas hacia que pusiera una gran sonrisa. Mientras yo hacía el pececillo dentro del agua, Ruben se había levantado y estaba al lado de Laura. Le dí los buenos días y viceversa, se les veía tan bien así a los dos.

Ruben se volvía para Madrid esta tarde, sobre las cinco o así tenía que estar en la estación. Ya tenía hecha la mochila, porque tampoco se trajo mucho. Los tres estuvimos hablando para donde ir a comer, en plan despedida a lo grande, aunque dentro de nada nos volveríamos a ver en Madrid. Al final nos decantamos por un buffet chino, porque así cada uno comía lo que quería y cuanto quería. Salí de la piscina, me sequé y llamé al buffet chino para reservar. Mientras yo llamaba, Patricia salió a la terraza, parecía nerviosa. Colgué, nos dieron reserva para las dos y media.

- Patricia, ¿qué te ocurre? No tienes buena cara. - la pregunté.
- Pues mirad, sé que no vais a entender mi decisión, pero lo he estado pensando mucho. Me vuelvo hoy a Madrid para volver con Alan, cogí el mismo billete que Ruben, así que vamos juntos. Las maletas las hice ayer por la noche. Sé que solo quedan dos días, pero le echo de menos y me necesita.

Nos quedamos perplejos todos, ninguno nos lo esperábamos. Pensábamos que había olvidado a Alan después de todo, pero lo tiene más presente que nunca. Respetábamos su decisión, pero no la compartíamos. Decidimos no perder el tiempo y disfrutar de lo poco que íbamos a estar los cuatro juntos. Volamos cada uno a la habitación correspondiente, nos pusimos ropa playera y preparamos las cosas de la playa, y hacia allí que fuimos con sombrilla incluida. Nos bajamos la cámara de fotos y Ruben nos estuvo haciendo fotos a las tres juntas. Encontramos tres piedras iguales, de forma circular y de un color anaranjado. Nos las guardamos para hacer algo especial para las tres. Con tantas bromas y tantas risas, se pasó el tiempo tan rápido, que tuvimos que correr para desmontar el chiringuito e ir a casa rápidamente para dejar las cosas y cambiarnos de ropa.

Al final, llegamos al buffet chino puntuales. Era enorme el sitio y menuda comida, tenía una pinta. En cuanto nos dieron mesa, fuimos a por nuestros platos de comida. Después de tanto movimiento de un lado a otro en la playa, teníamos mucha hambre. Devoramos todo lo que pudimos, pero no se nos olvidó brindar por otras vacaciones iguales o mejores. Después de comer, antes de ir a casa, fuimos a hacer una 'locura'. Nos hicimos cada un tattoo en el pie, una clave de sol con las iniciales de los nombres de las tres a los lados. Se me olvidó decir que eran de henna, porque sino nuestros padres a la vuelta nos podían matar. Después fuimos a casa a por las maletas y de allí a la estación. La despedida no fue nada fácil, entre nosotras un gran abrazo y muchos besos, y Laura y Ruben un beso que para ellos fue eterno.

Ese día había finalizado para nosotras, no teníamos ganas de hacer nada. Así que hicimos las maletas para el día siguiente, vimos la televisión un rato mientras cenábamos unos bocadillos de tortilla y a dormir pronto que fuimos. Mientras, en el vagón de tren, Ruben dormía y Patricia pensaba que tal vez no era lo correcto, pero si lo que sentía su corazón. No tardarían mucho en llegar a casa para ver lo que se iban a encontrar.

sábado, 18 de octubre de 2014

Capítulo 9: Las miradas

... llegó el beso, ese beso tan tierno. Para Ruben era un sueño hecho realidad, era la chica que deseaba, porque para él era perfecta. Laura, sin embargo, le gustaba muchísimo, pero no estaba segura de si ese paso había sido el correcto. Después de ese beso llegaron muchas más, a la vez que abrazos y carantoñas. Se oscureció tanto, que no se dieron cuenta ni de la hora, ya era un poco tarde y había que cenar. Se levantaron, recogieron todas las cosas y se fueron hacia la casa.

Mientras, en la playa, después de tanto hablar, me doy cuenta que es tarde y que tengo que avisar a mis amigas. Quedamos sobre las diez y media para cenar en una pizzeria muy buena de la zona, nos despedimos con dos besos y una sonrisa, pero de esas sonrisas de ganas de volvernos a ver. De camino al apartamento se me pasaron un montón de cosas por la cabeza: mi nueva amistad, la cita de Laura y Ruben, la pobre patricia en la habitación sola, Alan en el hospital,... cualquier persona no se creería lo que nos está pasando, pero es así tanto para lo bueno como para lo malo. Y de repente sumergida en mis pensamientos, llegué al apartamento en un plis plas. Abrí la puerta, y Patricia estaba tumbada en el sofá viendo la televisión, la vi con mejor cara. La di dos besos y un gran abrazo, le conté que tenemos una cena con unos amigos nuevos, no tenía muchas ganas, pero decía que le apetecía que le diera el aire. Lo que yo no sabía era lo que pasaba por su cabeza, la gran decisión que tenía que tomar.

Nos tumbamos en el sofá mientras hablábamos de qué ponernos esa noche,  de repente, aparecieron la pareja por la puerta. Entraron por la puerta de la mano, nos parecía raro porque Laura nunca la habíamos visto así. Los dos traían una cara de ilusión, que sabíamos que el primer beso de Laura había sido con él. Les contamos el plan de la noche, se miraron entre ellos y dijeron que preferían quedarse en casa que estaban muy cansados. Patricia y yo sabíamos que querían una noche romántica, porque Ruben al día siguiente volvía a casa. Viendo que volaba el tiempo e íbamos a llegar tarde, Patricia y yo corrimos a las habitaciones a arreglarnos un poquito, la verdad que yo quería impresionar. Al final terminamos de peinarnos, vestirnos y pintarnos un poco justas, tan justas que las sandalias nos las pusimos en el camino. Allí en la pizzería, nos estaban esperando, lo de llegar tarde en las chicas ya sale natural. Fueron Josh y dos amigos más, que por apariencia, también eran guiris.

Nos saludamos y entramos dentro, porque hacía un poco de aire para estar en la terraza. Los amigos de Josh se llamaban Ryan y Tom, los dos tenían pareja en Londres. A Patricia eso no le importaba porque solo les veía como amigos.Eran muy simpáticos y divertidos, se les daba muy bien contar chistes con tono extranjero. Cenamos muy a gusto y nos reímos un montón. Yo me acerqué a Josh, además de por tener frío, porque tenía atracción por él. Sin embargo, a él no le veía con el mismo entusiasmo, por lo que intente poner algo de distancia por si se sentía incómodo. Pero cuando me separé de su regazó, él me indicó con la mirada que qué hacía, por lo que volví donde estaba, con mucha comodidad.

Laura y Ruben también se lo estaban pasando muy bien, ellos decidieron ver una película romántica porque estaban en un momento muy especial. Ellos en vez de ir a la pizzeria, la pidieron que se la trajeran, y mientras se la cenaban veían 'Querido John'. Cuando terminó estaban tan cansados, que se subieron a la habitación a dormir. Era su primera noche de enamorados, Laura estaba tensa por si Ruben se intentaba sobrepasar. Él se lo notó y la dijo que no se preocupara por nada, que iba a esperar lo que hiciera falta, porque para él lo más importante es verla feliz a su lado. Con esa respuesta, Laura quedó bastante impactada no se lo esperaba. La hizo mucha ilusión, y dormir juntos era un pasito más en su relación o en su comienzo de relación.

Mientras Patricia y yo nos fuimos con Josh y sus amigos a tomar unas copas, y temía que me pasará de la cuenta. Menudos bailes, allí en Londres no deben bailar mucho, porque los tres parecían patos mareados, pero nos echamos unas risas. Pero llegó la hora de volver, y decidieron acompañarnos a casa para que no nos pasara nada. Mientras nos seguían contando, entre risas porque les gustaba tanto veranear aquí. Y tanto hablar y hablar, llegamos a casa, llegó la despedida. Todo fue normal hasta que me tocó despedirme de Josh, no me apetecía, me lo estaba pasando genial. Dos besos y un : 'me lo he pasado genial contigo, tendremos que repetir'. Se me puso una sonrisa de tonta que no me pude resistir. No tardamos en llegar a la cama, pero Patricia no sabía que hacer respecto a la carta, hacer que cambie o seguir como hasta ahora.


PD: Vuestra opinión cuenta, cualquier comentario puede mejorar la historia. Toca encuesta de fin de semana, si usáis el móvil se hace en versión web. Vosotros decidís el camino de la historia.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Capítulo 8: La nueva amistad

Mientras Laura y Ruben andaban por la calle, ella pensaba donde podían ir y recordó el sitio que la monitora les había dicho, el faro. Se lo dijo a Ruben,una idea que le gustó mucho. Mientras iban hacia el faro, Ruben la decía cosas bonitas, algo que haya la hacía sonrojar. Después de pasados varios minutos, llegaron al faro, que vistas tan impresionantes del mar. Ruben sacó una toalla de su mochila, se sentaron en la colina delante del faro y no dejaban de mirar el mar. Tenia unos colores desde allí, un sonido relajante, y además la compañía que los dos querían.

-Que buena idea has tenido Laura, que vistas tan bonitas, pero no tanto como tú.
- Muchas gracias, pero tu no te quedas atrás.
- Tengo que decirte que el día de la fiesta, mi trato contigo no fue el mejor, porque no estamos juntos.
- No pasa nada, no lo tomé en cuenta. Tengo que decirte que es raro que no hayas encontrado alguien que te corresponda.
- Ya la he encontrado, la tengo justo a mi lado. Es hermosa, inteligente, algo tímida, alegre y soñadora, ¿qué mas podría pedir?

Mientras Laura se sonrojaba, en la piscina del apartamento había movimiento. Estaba en la piscina bastante aburrida, Patricia no estaba para salir y Laura se había ido de cita, la mejor opción era irme por mi cuenta. Subí a mi habitación a cambiarme y maquillarme un poco, todo muy natural. Cogí una bolsa donde metí una toalla, la cartera, el móvil y las gafas de sol. Antes de irme, miré por la puerta de la habitación de Patricia, se había quedado dormida. Así que me fui hacia la playa, pero antes de poner mi toalla en la arena, compré en el chiringuito un refresco. Sentaba en la toalla, mirando al mar, que no había mucha gente por lo que se estaba más cómodo. De repente, un chico se me puso con la toalla al lado, me suena de algo, no sé de qué, pero no se podía haber puesto en otro sitio. Moví la toalla un poco para no estar tan pegados, y a la que movía la toalla, me di cuenta de que era él, el chico guiri que hablaba tan bien español.

- ¡Qué coincidencia! Nos volvemos  ver en la playa, pero de una forma más tranquila. Me llamo Josh, ¿te acuerdas de mi?
- Claro, de la fiesta playera. Pero nadie nos presentó, porque hemos venido de vacaciones aquí por primera vez, entonces ni mis amigos ni yo conocemos mucha gente. Yo me llamo Yolanda, encantada.
- Como habrás visto, no soy de aquí, soy demasiado blanco jajajajajaja pero todos los veranos vengo aquí, y entre clases particulares y esto aprendí español.
- ¿Y de donde eres? Yo tampoco me pongo muy morena, aunque se intenta.
- Pues mira viví varios años en París porque mi madre es francesa, pero ahora vivimos en Londres por motivos de trabajo de mi padre. De todas maneras, España es un buen sitio para vivir, una comida estupenda, un clima increíble y las chicas son guapísimas.
- Muchas gracias por la parte que me toca, los franceses también sois muy guapos, pero deberías tomar más el sol jajajajajaja
- Si quieres nos damos los móviles, y esta noche quedamos a cenar, con tus amigas y mis amigos, ¿te apetece?
- Me parece perfecto, además no teníamos nada que hacer, y eso de quedarnos en el apartamento no es lo que me apetece.

Mientras se daban los teléfonos y aprovechaban a tomar el sol, Laura y Ruben cada vez estaba más cerca. Ruben abrazaba a Laura de forma protectora, ella notaba el calor de su cuerpo. Ya estaba oscureciendo, y se empezó a ver la puesta de sol desde allí. Fue el momento en el que algo dentro de ellos les indujo a dar el paso, se miraron fijamente a los ojos, les brillaban y ...


lunes, 13 de octubre de 2014

Capítulo 7: La cita

"Mi amada Patricia, lo siento de verdad, no quise hacerte daño, eres la niña de mis ojos. El alcohol provocó en mí que hiciera cosas que no quería, porque a la persona que quiero es a ti. Ahora mismo estoy en el hospital por el accidente, ya me estoy recuperando, solo me quedan una pocas fracturas. Pero lo que más me duele es haberte perdido por ser tan inútil de no saber ni guardar las composturas. Te he escrito unos versos, para que veas que pocas veces saco mi lado romántico, pero esta ocasión lo merece.
Aquellas miradas que te lanzaba,
cuando no estabas enamorada.
Esos besos tan llenos de vida, 
que siempre te pedía.
Esos abrazos que me dabas,
y yo nunca los rechazaba.
Perdóname por todo lo hecho,
que con estos versos yo demuestro
el amor que te tengo,
desde aquí hasta el universo.

Espero que te haya gustado, por favor, dame otra oportunidad, sé que no soy el mejor novio del mundo, pero voy a intentar cambiar por ti, porque te quiero y te lo mereces. Si volvieras ya me harías muy feliz, pero no soy nadie para pedírtelo. Te amo mi niña, y nunca te voy a dejar marchar."
A Patricia esta carta la llego hasta el fondo del corazón, él nunca había hecho nada parecido por ella. Esto la hizo dudar sobre que camino elegir, pasar de este chico que me ha hecho daño o darle una oportunidad por si había cambiado. Una decisión difícil.

La vi como se la caía alguna que otra lágrima, y la abracé sin pensarlo dos veces. Sabía que la carta no era muy alegre y que seguramente la pedía una segunda oportunidad. Solo supe decirla : 'Haz lo que tu corazón sienta'. Ella asintió con la cabeza y se fue a su cuarto a reflexionar.

Ruben se quedó dormido en el sofá mientras yo me fui a tomar el sol a la piscina. Mientras tanto, Laura se levantó de la cama, y bajó a merendar algo, tenía bastante hambre. Pero notó a alguien durmiendo en el sofá, se acercó y se dio cuenta de que era Ruben. ¡Qué adorable está cuando duerme! Pero a veces es tan posesivo y celoso, que ni se imagina que estuvieran juntos.

Va a la cocina, y decide hacerse un sandwich mixto. Coge el pan y las lonchas de jamón, luego las de queso y listo. Pero cuando termina, se percata que hay alguien detrás. Se da la vuelta y...

- Hola Laura, estás guapísima, la playa te sienta genial.
- Hola Ruben. ¿Que haces aquí?
- Tuve que venir a traerle un par de cosas a Patricia de parte de Alan y hasta mañana no puedo marchar. ¿Te apetece que hiciéramos algún plan juntos? Patricia no está para salir y Yolanda está en la piscina.
- Mmmmm no sé si será buena idea. Tu y yo juntos, no sé yo...
- Venga Laura, en plan amigos y así me enseñas este lugar. ¿Te lo voy a tener que pedir con por favor?
- Vale, pero solo un rato. Meriendo y voy a vestirme.

Se sentaron en la mesa, y mientras Laura merendaba, Ruben la contaba como había ocurrido el accidente de Alan. Terminó de merendar, y se subió a vestir, algo cómodo, un vaquero corto y una camiseta con unas sandalias marrones. Allí estaba en las escaleras esperándola, con una sonrisa, y salieron por la puerta sin saber cómo iba a acabar la velada.

sábado, 11 de octubre de 2014

Capítulo 6: El cartero

Mmmmmm... Que agustito se está en la cama, pero es hora de levantarse y empezar a hacer cosas. Me levanto de la cama costosamente, me pongo las zapatillas de estar por casa y me levanto intentando mantenerme en equilibrio. Voy a la cocina, abro la nevera y no veo nada interesante para desayunar. Al final decido hacer tostadas para todas y unos zumos de naranja. Mientras hago las tostadas, mis dormilonas se despiertan con el olor del zumo. Allí juntas en la cocina empezamos a planear el día de hoy, y el único plan aventurero interesante que salió fue hacer piragüismo con comida en la montaña.

Así que desayunamos deprisa, nos vestimos con ropa mas de sport y biquini, además de unas buenas zapatillas. Hicimos unos bocadillos de embutido y cogimos un par de botellas de agua, todo a la mochila. Y rápidamente nos fuimos a la agencia de turismo a apuntarnos a la actividad.

Ya apuntadas, eramos el único grupo en ese día, mejor para nosotras así no pasaríamos vergüenza si lo hacíamos mal. Al momento llegó la monitora del grupo, que se llamaba Claudia, bastante amable y alegre. Nos subimos a una furgoneta con el material en el maletero. No os puedo contar como fue la bajada en piragua porque no tengo palabras para describirlo. Menudo subidón de adrenalina notamos en nuestro cuerpo, fue una experiencia inolvidable. Mientras comíamos con la monitora, nos contaba que cerca de nuestro apartamento, subiendo varias colinas había un precioso faro que actualmente no se utiliza, pero que tiene unas vistas espectaculares. Nada más terminar de comer, cogimos la furgo y volvimos a la agencia de turismo. En cuanto llegamos nos pusimos rumbo al apartamento.

Estábamos reventadas, solo pensábamos en una siesta, pero de las largas, necesitábamos descansar por todo el esfuerzo hecho. Subimos cada colchón a su sitio, y nos dormimos sin quitarnos la ropa, caímos rendidas. Estamos plácidamente dormidas hasta que alguien llamó a la puerta, ¿quién podría ser? Esperemos que no sea Manuel, porque ya parece acoso. Fui yo a abrir porque mis amigas estaban en el sueño profundo. Por la mirilla parecía el cartero por su ropa, así que le abrí. Y en efecto era el cartero, pero que casualidad que le conocía, era Ruben disfrazado. Mi cara fue de sorpresa, y sobre todo lo que se me pasó por la cabeza fue que iba a pasar cuando Laura le viera.

Nos saludamos cordialmente, me dijo que él venía sobre todo a traer una cosa para Patricia que no me lo podía decir, pero también a pedir perdón a Laura por su comportamiento en la fiesta. Y en ese momento apareció Patricia, que se quedó perpleja al ver a Ruben allí.

- ¿Qué haces aquí? Ya te dije que no quería saber nada de Alan.
- Lo sé, pero tengo algo para ti bastante importante.
- ¿El qué?
- Una carta de alguien que ha cometido un error y no lo está pasando nada bien, es de Alan, me pidió que te la trajera que era importante para él.
- Osea que te has hecho este largo viaje para traerme una carta de tu mejor amigo, el que se acuesta con tu ex. Perfecto, esto es increíble, súper lógico.
- Solo espero que la leas, no que me entiendas porque lo hago o dejo de hacer.

Patricia coge la carta, y empieza a leer detenidamente, sin quererlo se la caen un par de lágrimas. No puede imaginar que esto la este pasando a ella...


Pd: Espero que os haya gustado el capitulo, el próximo capitulo será el lunes, me gustaría que hicierais la encuesta (que si leeis el blog en movil hay que hacerlo en versión web), vosotros decidíreis parte del capitulo, tenéis el futuro de la historia en vuestras manos.

viernes, 10 de octubre de 2014

Capítulo 5: La desaparición

La luz entra por la ventana, esa luz la da en toda la cara, es incómoda esa luz, hace que despierte, con dolor de cabeza. Se mira y no reconoce la habitación, no está en el apartamento, y encima está ligera de ropa. ¿Qué ha pasado? Ve su ropa a lo lejos, se levanta de la cama y se viste. De repente entra Manuel, que se queda a su lado observándola.

- ¿Qué tal ha dormido la bella durmiente?
- Muy bien, pero ¿qué hago aquí?¿qué ha pasado?
- ¿No te acuerdas? En la fiesta decidimos venir, nos pusimos un poco tontorrones y ya pasó lo que pasó.

La cara de Laura se volvió blanca como la pared, no podía creérselo, le había regalado lo más preciado, y para colmo no se acordaba, ya que tiene ciertas lagunas. Ella que se estaba reservando para su príncipe azul, pues la salió todo mal por desfasar una vez en su vida. Buscó su móvil sin mediar palabra y vio que eran las once de la mañana. Empezó a marcar y pidió un taxi.

- Mira me tengo que ir, las chicas estarán preocupadas.
- ¿Te vas ya? Quédate un ratito más y me demuestras tus habilidades.
- No sé como no se te cae la cara de vergüenza. No te quiero ver más en mi vida.

Bajó las escaleras corriendo, y salio por la puerta pitando a la calle, sin darse cuenta que se dejaba su móvil en la cama de Manuel. Y allí estaba el taxi ya, que la iba a llevar a un lugar seguro. Mientras que Laura cogía el taxi, sonó el despertador en el apartamento. Patricia y yo nos levantamos de las camas, y vamos corriendo a darnos los buenos días, pero nos percatamos que la cama de Laura no esta desecha. Buscamos por todo el apartamento y ni rastro. Preocupadas la llamamos, pero nada no nos lo cogía, era muy raro en ella. Pero de repente, se abre la puerta, y por ahí apareció nuestra querida amiga. Entraba llorando y salimos corriendo a su entrada. Nos lo empezó a contar lo que había pasado, pero era imposible entenderla, con la llorera que tenía. La llevamos un vaso de agua y la abanicamos, para que se pudiera tranquilizar. Al final, nos lo acabó contando, y nos quedamos impactadas. No sabíamos como reaccionar ni que hacer.

El día no había empezado de la mejor manera, pero después que si abracito de amigas, que si lo que pasó ha pasado y tocaba olvidar, que si amigas para siempre... al final decidimos ir a la playa. Allí estábamos en la playita, no había mucha gente, encontramos sitio en primera fila. Tomamos el sol, nos bañamos en la playa, hicimos mucho el tonto y sobre todo disfrutamos como niñas. Después de la mañana de playa, nos fuimos de cañas al chiringuito. Y por desgracia, alguien que no esperaban estaba allí. Manuel trabaja en ese chiringuito de camarero. Se las acercó, sacó un móvil, lo tiró en la mesa y sin venir a cuenta dejó una nota que ponía: 'la próxima vez en vez de dejar tu móvil deja una sonrisa'. Laura se levantó y fue directo a él, cómo podía tener tanta cara. Pero la paramos los pies, tenía que olvidar que existía ese chico.

La tarde fue también muy playera y de lo más normal. Por la noche decidimos poner una película, que elegimos 'Ocho apellidos vascos' para reírnos un poquito, e hicimos unas palomitas saladas. Nos acostamos pronto, había sido un día un poco agotador. Ese día cogimos los colchones y los pusimos en el salón, queríamos dormir juntas y darnos fuerzas.

Nadie se imaginaba que el cartero te pudiera cambiar tanto el día.


miércoles, 8 de octubre de 2014

Capítulo 4: La fiesta playera

Menuda compra hemos hecho, comida para cien personas, tiramos la casa por la ventana. Después de haber colocado la compra, todavía había tiempo para un poco de piscina. Cada una con un modelito de bikini, nuestras toallas en mano y con mucho calor fuimos a la piscina del apartamento. Patricia primero se puso su cremita y a tomar el sol, mientras Laura y yo cogimos carrerilla y nos tiramos de bomba. Patricia nos echo una mirada fulminante, la habíamos mojado un poco, pero nos miramos y nos empezamos a reír a carcajadas.

Después de una estupenda tarde de piscina, tocaba duchita, cenar y arreglarnos. Lo más difícil de las tres cosas era cenar, no sabíamos cocinar, es decir, la cocina corría peligro con nosotras. Pero fuimos valientes, he hicimos una pizza en el horno. Os parecerá impresionante que no sepamos hacer una pizza en el horno, pero es así, nosotras solo manejamos el microondas. Finalmente la pizza nos salió perfecta, nada quemada, y estaba de rica. Y llegó el momento, el más esperado, en el que las chicas nos ponemos guapas. Camisa por allí, vestido por allá, vaquero vuela ... y acabamos eligiendo el modelito playero. Yo elegí un vaquero corto claro con una camiseta de tirantes blanca, Laura se puso un vestido blanco hippie y Patricia una camisa con bastante escote y una falda de volantes. Íbamos espectaculares, nos maquillamos un poco y fuimos a la playa.

Cuanta gente había en la playa, todos vestidos muy hippies, y la música muy variada. Sin hacer falta buscarle, allí apareció de la nada, el hijo del casero. Se llama Manuel, nos presentó a varios chicos y chicas, los cuales eran todos muy amables. Al cabo de un rato, parecíamos ya del grupo, tomándonos un par de copas con ellos. A Patricia se la notaba que le gustaba un poco Manuel, pero él no se fijó en ella. Él nos dijo que les gustaban las chicas sencillas, divertidas y tímidas. Os podéis imaginar quien era la persona a la que miraba continuamente. A Laura también le parecía atractivo, pero por timidez y porque a su amiga le gustaba no se lanzó. Ya entrada la noche, Laura había bebido un poco más de la cuenta, algo a lo que no está acostumbrada. Gracias a esas copitas de más, hablaba y bailaba con Manuel con la mayor naturalidad, algo que su timidez no la permitía.

Yo la verdad es que solo vi a un chico que me llamaba la atención, no era del grupo de amigos de Manuel, parecía guiri, pero le oí hablar perfectamente español. No iba a ir a hablar con él, porque no era normal, pero si notaba alguna que otra mirada. Pero no me quise ilusionar, por si las moscas. Sin embargo, Patricia estaba que lo tiraba, iba de un lado para otro, ligando o intentando ligar, parecía desesperada. Hubo un momento que fui en su ayuda, la comenté que no se obsesionara, que lo pasara bien y que ya vendrá el hombre perfecto. Cuando termine de hablar, me dio un abrazo tan fuerte que supe que me había entendido. Me pidió que nos fuéramos a casa que ya era muy tarde, y así era, si queríamos ir a la playa por la mañana no nos tendríamos que acostar tarde. Buscamos a Laura, y tras unos largos minutos la encontramos, allí estaba, con Manuel, besándose intensamente. No queríamos interrumpir, pero nos teníamos que ir. Se lo dijimos a Laura, pero decidió quedarse con Manuel, él dijo que la llevaría a casa.

Nos fuimos tranquilamente, pensando que no pasaría nada, que estaba con Manuel. Llegamos al apartamento, nos quitamos la ropa, nos pusimos el pijamita y a la camita. No sin antes poner la alarma y darnos las buenas noches.

En otro lugar en la playa, Laura estaba bastante tocada, pero allí seguía con Manuel besándose. Manuel la ofreció irse a su casa, a lo que Laura de como iba, no se negó. En su casa, desde que entraron hasta llegar a la habitación de él, seguían besándose. Se tumbaron en la cama, él sabía que ella no estaba en sus perfectas condiciones, pero él sabía que lo iba a conseguir. La empezó a besar apasionadamente, mientras la empezó a quitar la ropa poco a poco. Besos desde su ombligo a su boca, ropa masculina volando a oscuras por la habitación, corazones palpitando al máximo, y una flor perdió su valor.

Fiestas ibicencas

martes, 7 de octubre de 2014

Capítulo 3: El largo viaje

Miró el móvil, es de desconocido, no lo suele coger, pero esta vez si lo hace.

-¿Si?
- Hola Patricia, soy Ruben. No tengo buenas noticias.
-¿Qué ocurre?
- Alan no se encuentra bien...
- Mira no me importa, ayer me dejó muy claro que no estábamos hechos el uno para el otro. Así que dile que si le pasa algo que llame a tu ex, que se conocen muy bien.
-¿Cómo? ¿Se puede saber que ha pasado?
- Si tan amigos sois que te lo cuente él, aunque se ve que no lo sois mucho.
- Bueno, a lo que iba, Alan está en urgencias. Ayer con la borrachera que llevaba encima, cogió la moto y tuvo un accidente. Está bastante grave.
-¿De verdad?¿No me estarás mintiendo porque te lo ha dicho él para que vuelva?
-Te lo digo de verdad, tú creetelo si quieres.
-Lo siento tengo que colgarte, adiós.
- Pero...
Pipipipipi...

Ella colgó, no sabía si sentir dolor, lástima, furia, no sabía nada. Después de haber pasado tan mala noche, solo le quedaba pasarlo bien en la playa, pero parecía imposible ya que le persigue hasta en el viaje hacia allí. Nos miró y con la mirada nos imaginamos que no eran buenas noticias. Cuando nos lo contó nos quedamos con cara de que ya no podía pasar nada más, pero sí, lo peor fue que Patricia pensaba volver para estar al lado de Alan. No sabíamos como reaccionar, si matarla o comprenderla, pero solo supimos decirla que haga lo que sienta de verdad, pero mirando las consecuencias. Esto no se si hizo el viaje más largo o más corto, pero no fue nada divertido. Al final Patricia decidió quedarse, no pensaba que fuera tan grave y no se merecía dejar sus vacaciones por alguien que la desechó como un pañuelo usado.

Y de repente, allí estábamos, en la última parada de nuestro viaje. Ese momento tan deseado, que solo esperamos pasarlo bien. Después de pasar este duro curso, y después de los últimos acontecimientos, ya era hora de tener nuestro momento de relax. Con nuestras maletas en mano y nuestras inmensas ganas cogimos camino hacia el apartamento. Y después de un rato, lo encontramos y tenía una fachada preciosa. Paredes blancas y madera oscura, una buena combinación.

Entramos al apartamento y cual fue nuestra sorpresa, que estaba el dueño dentro, pero menudo dueño. Chico de unos 23 años, alto, piel morena, pelo castaño, ojos verdes y todo lo demás nos deja a la imaginación. Comenzó a hablarnos y pidió disculpas porque su padre no había podido darnos la bienvenida, pero para eso había venido él. Nos enseño toda el apartamento, de tres habitaciones, dos baños, cocina-salón-comedor y piscina con vistas al mar. Era todo un sueño, pero lo mejor fue cuando nos invitó a una fiesta en la playa esa misma noche. Nosotras no pudimos decirle que no con esa sonrisa, además de que parecía muy simpático. Nos dio dos besos y se marchó, nos dijo que tenía que ir a preparar las cosas de la fiesta. 

Nada más irse, echamos una carrera hacia las habitaciones para elegir cual queríamos y de un vuelo caímos en la cama. Tan blanditas, tan luminosas y con terracita particular. Aunque no todas estábamos muy contentas, a Patricia esa llamada la había dejado bastante afectada. Pero bueno sin perder más tiempo, deshicimos las maletas y fuimos a hacer la compra. Nos esperaba una gran tarde, pero una noche aún mejor.


Capítulo 2: La triste noche

Fuimos andando hasta la casa de Patricia, ya que yo me quedaba con Laura en su casa. Intentamos animarla por todos los posibles, pero la pobre parecía un alma en pena. Estaba dolida por todo lo que había pasado y cómo había pasado. Nos sentamos en un banco de enfrente de su piso, para que se tranquilizara antes de que entrara a su casa. Después de varios suspiros, lo pensó mucho pero:

- Chicas siento haberos fastidiado la noche. ¡He sido muy tonta! Me lo advertisteis, pero yo le quería, y aun le quiero. Cuando subimos, al cabo de unos minutos se torció todo. Entramos al cuarto de Rubén, y Alan estaba muy borracho, pero no le di importancia. Nos tumbamos en la cama, me abrazó y me miró fijamente a los ojos, pero con ojos de seductor. Nos empezamos a liar, pero el quería más hasta el momento que me levanté de la cama y le dije que no estaba preparada, que así no era como quería hacerlo para su primera vez. Se levantó muy furioso, me cogió del brazo, con tanta fuerza que me hacía mucho daño. Me empezó a chillar que quien me creía que era, que no le iba a mangonear más y que si no era yo que iba a ser otra. Salió rápidamente sin mirarme si quiera, pero le seguí pidiéndole una explicación, pero se encontró de frente con Marta, y sin mediar palabra la empezó a besar delante de mi, se olvidó de que existía. Se la llevó a otro cuarto, mientras que yo me fui al baño y me imagino lo demás.

Nada más terminar, empezó de nuevo a llorar por la pena de haber perdido al chico que le gusta, pero lo que menos pensó es que se hacía un favor. Al cabo de las horas, conseguimos que se fuera a dormir y dejara de pensar en el tema. La recordamos que dentro de unas horas nos íbamos de vacaciones y que allí podría desfogarse todo lo que quisiera. Patricia abrazó a las dos chicas y las dio las gracias por lo estupendas amigas que son. Laura y yo nos despedíamos de ella con la mano mientras cerraba la puerta del portal. No sabíamos que decir, nos sentíamos mal por ella porque no se merecía lo que le había hecho ese estúpido de Alan. Decidimos no hablar de este tema con ella para que no se sintiera mal y así poder hacer vida normal, esperábamos que esas vacaciones le sirvieran de impulso. Nada más llegar a su casa nos acostamos, había sido una noche muy larga, pero sabíamos que al día siguiente no iba a ser muy diferente.

Mientras Laura y yo dormíamos juntas, en casa de Patricia había silencio ya que había conseguido coger el sueño a pesar de haber seguido llorando en su cuarto. Sin embargo, el móvil de debajo de la almohada de Patricia empezó a vibrar a mitad de la noche. Patricia miró quien era, y nada mas verlo colgó. ¿Cómo se atrevía a llamarla a esas horas después de lo que había hecho? Puso el móvil en silencio y siguió durmiendo.

A la mañana siguiente, las tres chicas despertaron entusiasmadas, algunas mas que otras. Patricia nada más levantarse desayunó, cogió su maleta y se puso en marcha a casa de Laura. Mientras nosotras la esperábamos preocupadas a ver cómo se encontraba. Nada más llegar nos contó lo de la llamada, pero no le quisimos dar importancia. El padre de Laura nos llevó a la estación, para coger el tren que nos llevara dirección a la playa. Sonó el pitido del tren, nos despedimos de los padres de Laura y nos subimos. Solo deseábamos encontrar nuevas aventuras. Se puso en marcha el tren y de repente empezó a sonar el móvil de Patricia, una llamada que nunca debió de coger.


Capítulo 1: El verano

Que maravilloso verano había pasado, lleno de días en la playa y con mis amigas todo el día. ¿A quien quiero engañar? Mi verano ha sido muy distinto a lo que imaginé. Solo tenía ganas de divertirme con mis amigas, pero todo cambió esa noche, esa noche que no puedo olvidar.

Me llamo Yolanda y cumplí los dieciocho al terminar el curso. Vivo en las afueras de Madrid, en un barrio de lo más normal. Tengo unas amigas increíbles, se llaman Laura y Patricia, también de mi edad. Las tres vivimos por la misma zona y nos conocemos desde que eramos pequeñas. Laura es más tímida, sin embargo Patricia es la más sociable del grupo. Patricia tiene novio desde hace tres meses, él le jura amor eterno aunque ya hemos advertido a Patricia de que tenga cuidado, que ellos van a lo que van. Él se llama Alan, y su mejor amigo Ruben, que está coladito por Laura, pero ella no le hace mucho caso porque dice que ella está interesada en sus estudios.

Esa mañana de principios de julio, había quedado con Laura y Patricia, mis dos mejores amigas. Pensábamos en ir de compras para aumentar el armario, pero también porque al día siguiente nos íbamos de vacaciones juntas. Teníamos tantas ganas que de los nervios no encontramos nada esa tarde, volvimos con las manos vacías. Decidimos cenar juntas en el bar de los padres de Laura que hacen unas hamburguesas para morirte. En medio de la cena recibe Patricia un mensaje de su chico, diciéndole que hay una fiesta en casa de Ruben, que sus padres se fueron toda la semana. Estábamos invitadas a la fiesta, pero teníamos que terminar los preparativos del viaje a la playa. La insistencia de Patricia por ir hizo que decidiéramos ir un ratito. Aunque finalmente ese ratito acabó de una manera que ni a mi peor enemigo desearía.

Nos cambiamos de ropa, y nos dirigimos a casa de Ruben, fue llegar a la puerta del chalet y pensar que iba a ser un desastre. Lleno de gente que ni conocíamos, vasos y barriles de cerveza por todos lados,  las botellas volaban, los jarrones caían y la música altísima. Después de un rato, intentando bailar en el salón, encontramos a Alan, que nada más ver a Patricia le dio un efusivo beso. Olía a alcohol a kilómetros, pero a Patricia le daba igual, ella solo pensaba que era suyo y que aún así le quería. Alan se llevo a Patricia al cuarto de arriba, nosotras decidimos no meternos. Laura y yo bailábamos y bailábamos, pero también conocimos mucha gente, algo que a Ruben no le sentó muy bien. Vino con la cara desfigurada pidiéndole explicaciones a Laura de con quien hablaba y con quien no. ¡Lo que nos faltaba por oír! Laura decidió pasar de él y me pidió que fuéramos a buscar a Patricia para irnos, que ya era tarde y la fiesta para nosotras había terminado.

Subimos las escaleras, algo bastante complicado ya que había mucha gente por el medio, que si bebiendo, besándose entre ellos, bailando, incluso vomitando. Cuando llegamos a la plata de arriba, estaban todas las puertas cerradas. No sabíamos donde estaba Patricia ni que íbamos a encontrar detrás de la puerta. De repente, salió Alan de una de las habitaciones a medio vestir. Su cara no era la de chulito como siempre, era cara de preocupación. Le preguntamos por Patricia y nos dijo que se había ido. No nos lo podíamos creer, Patricia irse sin nosotras. Era una mentira como una catedral. Decidimos entrar en la habitación por la que había salido Alan. Pero, por suerte o por desgracia, la que estaba allí no era Patricia.

En esa cama, borracha, y sin saber que hacer, se encontraba Marta, la antigua novia de Ruben. Nos quedamos perplejas al ver esa situación. Alan le había sido infiel a Patricia acostándose con la ex de su mejor amigo. Parecía una historia de telenovela, pero no ahí estábamos con ese panorama. Cerramos la puerta y nos detuvimos a pensar dónde estaba nuestra amiga. Escuchamos un sonido, como de llanto que venía desde el baño. Abrimos y allí estaba Patricia, delante de la taza del váter llorando desconsoladamente. No hicimos preguntas, solo la arreglamos un poco, ya que tenía todo el maquillaje corrido, y salimos de aquella casa que ya nos había causado bastantes problemas. Recuerdo una frase muy dolorosa que dijo Patricia: 'Teníais razón'.

Esto solo era el principio, no había hecho mas que empezar.